miércoles, 19 de marzo de 2014

Carl Gustav Jung en Editorial Trotta y psicoanálisis en "Sexto Piso"



 
Viggo Mortensen y Michael Fasbbender como Freud y Jung












Editorial Trotta está publicando las obras completas del psiquiatra Carl Gustav Jung. La cuidada edición merece todos los elogios, las traducciones de los volúmenes que han ido apareciendo hasta la fecha son impecables y el aparato crítico, útil y esclarecedor.

Dejo a continuación el texto original de la reseña de los volúmenes quinto y sexto —firmada por el administrador de este blog— que publicó el suplemento cultural "Babelia" del diario El País el pasado sábado 8 de marzo:



Símbolos de transformación


En busca de las raíces del alma

Carl Gustav Jung
(Análisis del preludio a una esquizofrenia)
Obra completa volumen 5.
Traducción de Rafael Fernández de Maruri.
Editorial Trotta, Madrid, 2012, 598 páginas, 40 euros.
Obra completa volumen 6.
Traducción de Rafael Fernández de Maruri.
Editorial Trotta, Madrid, 2013, 642 páginas, 43 euros.

La editorial Trotta está llevando a cabo una encomiable labor con esta monumental edición de la Obra completa del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung (1875-1961), el padre de la “psicología de las profundidades”: la investigación de la psique humana y el pozo insondable del inconsciente. Veinte tomos completarán la versión española definitiva de la obra de Jung, basada en la edición alemana revisada por el autor. Notas explicativas, comentarios e índices, además de las excelentes traducciones, la convierten en referencia ineludible.
A Jung se lo lee con la fascinación que provocan los maestros espirituales, y su público suele sentirse más cercano a la mitología, el simbolismo o el esoterismo que a la psicología pura. Su obra se presta a ello, a tenor de su eclecticismo temático —mitología, antropología, religión, literatura—, pues trasciende el ámbito de la psicología clínica. Jung, como todo creador genial, contribuyó con sus ideas al enriquecimiento de la humanidad, igual que Goethe, Nietzsche y Freud, los tres autores a los que más admiró desde que tuvo conciencia creadora.
Y la tuvo a edad temprana. La vida de Jung parecía destinada desde su infancia al trato con el alma y con lo sagrado. Hijo de un pastor protestante y de una madre inclinada hacia lo parasicológico, desde niño se sintió un ser aparte, dada su exuberante fantasía y su perpetua obsesión por encontrar significado a sus sueños y demás visiones extraordinarias. Lo dominaba también el ansia de conocer a Dios. De joven experimentó la atracción de lo numinoso, lo sagrado, mientras descubría el poder fáustico que se agazapa en la naturaleza humana, tan deudora del bien como del mal. Jung se hizo médico y se especializó en psiquiatría, motivado por la lectura de un manual en el que se decía que esta disciplina, centrada en el estudio de las enfermedades de la personalidad, estaba en mantillas; él anhelaba curar lo que hasta entonces se consideraba “incurable”. Durante nueve años trabajó en el célebre sanatorio suizo de Burghölzli. Allí, como ayudante del singular doctor Bleuler, experimentó con el método de la asociación y conoció el psicoanálisis de Freud. Se casó con una rica heredera, pero también se enamoró de una de sus pacientes: Sabine Spielrein; la joven se curó y, tras diversos avatares, llegó a ejercer también como analista (el caso inspiró la película “Un método peligroso” de  David Cronenberg).
El encuentro personal entre Jung y Freud fue memorable, y entre los dos hombres saltaron chispas de entendimiento y pasión intelectual, incluso dio pie a fenómenos parapsicológicos y a una relación transferencial; aunque el choque de estas dos fuertes personalidades terminó en ruptura absoluta y dolorosa. Freud sostenía que la neurosis y la psicosis tenían su origen en un conflicto sexual infantil no resuelto; su lema para alcanzar las curaciones rezaba “todo es sexualidad”. Jung disentía objetando que, si bien la sexualidad es un potentísimo generador de conflictos y trastornos psíquicos, no lo explica todo. Porque hay que tener en cuenta los elementos espirituales para sumergirse en las vastedades del alma, en sus dioses y en sus demonios, a fin de curar las enfermedades mentales.
En su búsqueda de las raíces del alma, Jung se preguntaba ¿qué pistas nos conducen hasta ellas?  Su respuesta fue amplia: contamos con el patrimonio espiritual de la humanidad, y este entraña un piélago simbólico, de creencias religiosas y arquetipos. Jung se convirtió, provocando con ello la animadversión de Freud, en el psiquiatra de lo “místico y lo espiritual” ya que afirmaba que mitología, psicología de las religiones, ocultismo, astrología, y hasta numerología y alquimia, vinculaban el estudio de la libido y el inconsciente.
En este contexto de divergencias con Freud surgió la primera gran obra de Jung: Transformaciones y símbolos de la libido, publicada en 1912; reelaborada y ampliada, verá la luz en 1952 bajo el título de Símbolos de transformación. Este libro fundamental es mucho más que una obra de psicología; erudita y literaria, se inscribe en la línea de las grandes creaciones que han hecho soñar a la humanidad al ampliar sus horizontes de conocimiento. Jung formuló aquí su teoría de los arquetipos; también, que la libido —esa fuerza primordial inconsciente— es, más que energía sexual, “energía vital”. El arte y el sentido de lo sagrado potencian la energía vital; alentarlos ayudará en la cura de neurosis y psicosis, que sólo son estados deficitarios de energía. Aquí revisó con todo lujo de detalles mitos y símbolos tales como la génesis del héroe, la atracción de la madre, el sacrificio y el renacimiento espiritual en pos del proceso de individuación que culmina en el sí mismo, y que constituye el centro de toda la obra de Jung.
Tipos psicológicos
Tipos psicológicos apareció por primera vez en 1921. Según las dos actitudes básicas ante la vida, Jung constató que hay personalidades extravertidas o introvertidas, y tipos que él clasificó como intelectuales, sentimentales, sensoriales e intuitivos. Para investigar la veracidad científica de sus teorías, indagó en la literatura, la poesía y la filosofía de la Antigüedad, el romanticismo y la época moderna con Platón, Schiller o Nietzsche, expertos psicólogos a su manera. De lúcida densidad intelectual, hoy leemos esta obra con el placer que nos proporcionan las cimas espirituales. A estas alturas es indudable que Nuestra psique se nutre del orbe junguiano más de lo que suponemos.




A propósito de Jung, Freud y el psicoanálisis, en España y México es encomiable la labor de la editorial Sexto Piso por divulgar obras afines al moviminto psicoanalítico.

El pasado otoño apareció en castellano un ensayo magnífico del filósofo inglés John Gray:
El silencio de los animales
El silencio de los animalesAunque no trata directamente de psicoanálisis, dedica varios capítulos interesantísimos a Freud y a sus investigaciones sobre la naturaleza humana; también a Jung y sus estudios sobre el mito como vínculo humano con el pensamiento de lo irracional. Gray es un filósofo pesimista, pero alguien que sabe poner en su sitio las ilusiones y las debilidades humanas. El ensayo quita esperanzas pero también las ofrece. El ser humano seguirá cavilando e investigando sobre sí mismo sin amedrentarse por el descubrimiento de lo que puede ser verdad. Freud, por ejemplo, observó bien pronto que el hombre es un animal enfermo; vio que no tenía cura; sin embargo, trató de paliar los efectos de tal conocimiento ofreciendo alternativas a la curación total. "Los seres humanos acogen en sí mismos los impulsos que sabotean su propia plenitud"… El ensayo de Gray es provocador, justo por ello resultará apasioanante para cualquier amante del pensamiento.

Meses antes de la aparición del libro de Gray Sexto Piso publicó un magnífico volumen que acaso no ha tenido en la prensa la difusión que se merece. He aquí otro libro extraordinario: 
Revolución en mente: La creación del psicoanálisis, de George Makari.
Revolución en mente

  Este es un libro al que siempre hay que volver cuando queramos hablar de la historia del psicoanálisis. Aquí está todo: Freud, el padre genial, y sus hijos legítimos y bastardos. El moviminto psicoanalítico y sus avatares históricos, las diferentes ramificaciones en las que derivó, y los amores, las traiciones y los odios desatados entre los seguidores de aquella ciencia nueva y sobrecogedora que revolucionó de verdad la mente humana como nunca antes había acontecido en el pasado. Aquí está la historia de los personajes más señeros del movimiento psicoanalítico, desde Freud y Jung hasta Melania Klein, sin olvidar a la célebre Sabina Spielrein ni a la desenfadada amiga de Nietzsche, Lou von Salomé; tampoco a Josef Breuer, Eugen Bleuler, Ernest Jones o Anna Freud. ¡imprescindible!
El buscador de almas

Otro de los personajes que aparecen en Revolución en mente es el inclasificable Georg Groddeck. Médico y psicoanalista; pasa por ser el fundador de la medicina psicosomática, ya que aparte de preocuparse por los accidentes y las enfermedades de sus pacientes, se ocupaba asimismos de escrutar sus "almas", los sentimintos y emociones que podían haber actuado en la sombra e influirles de manera inconsciente en la aparición de sus enfermedades e incluso haber actuado como causas oscuras de sus accidentes. Groddeck escribió varias obras psicoanalíticas, ensayos y estudios o relatos de ficción. Sexto Piso publica ahora en castellano su extravagante novela El buscador de almas, en excelente traducción de José Aníbal Campos. Desconocida en el mundo de habla hispana, la novela de Groddeck es una rara avis, sin embargo, bien podría hermanarse con algunas novelas alemanas de la época de entreguerras, y pienso en alguna novela ciertamente inusual y de tono paródico o absurdo de Döblin o incluso en la célebre Auto de fé, de Elias Canetti. Asimismo, Groddeck y su novela se sitúan en la estela de Jean Paul y sus relatos cómicos. Por lo demás, tiene añgo de ese tono de la novela picaresca. de chanza y de aventuras inverosímiles; plagada de personajes caricaturescos. El protagonista, un personaje burgués de mediana edad, mediocre y anodino, llamado Augustt Müller, se trastorna debido a su odio por las chinches; cambia su nombre por el de Thomas Weiltlein y se "echa al mundo" con una nueva personalidad. Nada sorprende que su lectura favorita sea el Don Quijote de Cervantes. Viaja a la gran ciudad y en el camino, tropieza con multitud de personas a las que apabulla con sus discursos cínicos, plagados de guiños al psicoanálisis y las teorías freudianas que comenzaban a publicitarse en la época. Se muestra grosero y sabelotodo  (son hilarantes los pasmosos discursos pseudocientíficos del protagonista, llenos de alusiones sexuales y complejos escondidos de todo tipo). Gustará a lectores con interés en la psicología, así como en este tipo de obras jocosas; también a cuantos estén interesados en esa época de Alemania de entreguerras, tan fructífera en grandes escritores e ideas innovadoreas.  Muy adecuados e inormativos me parecen los documentos testimoniales que se añaden al término de la novela: reseñas de la obra por Alfred Polgar, ni más nenmienos; o cartas de Freud a Groddeck.
Una rareza de tono no tan menor muy bien editada y traducida.